"Venta de autos". 

Cuando no entiendo por las buenas, me lo explican con los autos.

Despedirse no es fácil.

Es saber, aceptar y entender que tomaremos otro camino sin rumbo fijo, en el que podemos terminar en medio de la noche perdidas en un profundo bosque. Tristes, sintiéndonos solas y en ocasiones quizás hasta arrepentidas.

Lo viví muchas noches.

Pensaba tanto, que resultaba perdida dentro del laberinto de mi propia cabeza sin saber cómo salir de la situación en la que yo misma me había metido.

Conforme pasaba el tiempo estaba más confundida.

Cuestionaba en qué momento había tenido “la brillante” idea de “despedirme” de mi pasado.

Me sentía tan sola y vulnerable, que llegué a temer no poder salir nunca del bosque, así que pensé en regresar.

-Haber mamá, me dijo mi hijo mayor, -Porque volverías a comprar el auto que tú misma vendiste? El que a veces te confundas, no significa que seas tonta, me aclaró.

Entendí el punto.

Mi auto no era un Bugatti Type 57, de los que solo se hicieron 4 en el mundo.

Pagar por un carro con más kilometraje y con los mismos “daños” y “mañas”, que ya le conocía, era más absurdo que seguir pérdida.

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Muchas bendiciones y gracias por leerlo.

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