¿Cuál lista?



Si de sumar atributos se trataba, a mi nadie me ganaba.


-Que sea alto, guapo.


Por supuesto inteligente, que digo inteligente, mejor que sea “un maldito genio”.


Mi lista del hombre ideal era tan extensa que con el paso del tiempo, dejó de ser una lista y se convirtió en “un manual de procedimiento”.


Un manual en el que si el caballero en cuestión no coincidía con esto o aquello, era simplemente eliminado.


Lo peor era sentir que todo lo que había escrito, era usado en mi contra por mi propia mente.


Se me convirtió en un grillete que me colocaba en el lugar de “lo inalcanzable”, logrando mantenerme tan lejos como podía, de lo que supuestamente quería.

Una noche me dormí pensando en lo que rechazaba, y me levanté pensando en lo que anhelaba...


Un increíble despertar que se traducía en permanecer abrazada en una cama tibia.


Tan tibia que se me olvidara que cuando me aman, no llegó al clímax por sus títulos universitarios.


Y que cuando paseamos, su cuenta bancaria no me hace sonreír tanto como sus chistes.


Entendí que nuestro galán no necesita encajar en tal y cual estatura.

Aprendí que esos kilos de menos o de más, no suman ni restan encanto cuando nos abrazan.


Y quizás por eso en medio de mi mundo me senté con lápiz y papel y “dibujé un curso”.


Un curso en el que le enseñó a esas exigentes que “los Patrones se Rompen” y que la vida se vive.


Transforma tu vida!!!

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Si sientes que este Post le puede ayudar a alguna mujer que conozcas, te doy las gracias por compartirlo.


Beso y Bendiciones,

Tatiana


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