“Una cosa es empezar y otra continuar”.


En “Hacía los mares de la libertad” de Sarah Lark, esos amores que empiezan, no son los mismos que terminan.


Si hablamos de “constantes”, pienso en el inicio de lo que hasta entrados los 40 fueron las relaciones para mi.


Empezaban con un mismo motivo y una sola razón.


Yo, “enamorada”.


Ese yo enamorada me bastaba para avanzar y entrar en una serie de “laberintos mentales”.


Mis laberintos mentales consistían en extensos períodos de tiempo, en los que no me bastaba con preguntarme a mi misma, el porqué del cambio de “galán a truhan”.


Constantemente me dedicaba a hacer "encuestas" a quienes conocía.


Mi pregunta siempre era la misma.


¿Porqué creían que mi fulano había cambiado?


Desorientados me miraban sin atinar que contestar.


Quizás muchos hasta pensaron que mis problemas eran más que mentales.


Y como no me contestaban, pues yo misma sonriente me respondía.


-Ha de ser por “esto o aquello”.


Y con ese absurdo esto o aquello, feliz me quedaba en mi laberinto.


El paso de los años me hizo conocer una parte de mi, a la que le estoy eternamente agradecida.


“La tranquilidad”.


Sentirla y verla a la cara, entendiendo que la perdía, me horrorizó.


Entendí que si en verdad la quería conmigo, debía cuestionarme simplemente “el porqué” continuar la relación.


Aprendí que los motivos por los que se inicia una relación nunca importan.


Los verdaderos motivos son aquellos por los que continuamos.


Y que en ese decidir si continuamos, es cuando decidimos si la tranquilidad se va o se queda.


❤️🙂❤️


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Que Dios te bendiga y gracias porque al leerme, me das la oportunidad de escribir.


Con enorme cariño,

Tatiana

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