"Para ganar, primero hay que perder". 

Con gusto sacaría a Mauro Larrea, el personaje principal en “La templanza”, de María Dueñas.

Porqué a él? Porque pierde todo, no se lamenta y sigue hasta ganar.

El amor, a mí me llega por partes.

La primera es una antesala que se compone de admiración. Una admiración por un hombre inteligente lleno de logros y seguro de sí mismo.

La segunda es un enamoramiento en donde surgen los inconvenientes producto de mi propia terquedad, al no reconocer que no todo lo que inicia debe seguir.

Al no querer perder, me enfrasco en una serie de situaciones de auto lavado cerebral, dándole cabida, justificando y explicando situaciones complicadas.

El mejor ejemplo es mi última relación, donde la mayor intimidad que tuve con el hombre que amaba y que físicamente me desquiciaba, fueron abrazos.

Cálidos y fuertes, pero al fin y al cabo solo abrazos, que logré que me llenarán las largas noches gracias al gran poder de autosugestión que con los años he aprendido a manejar.

Me convencí a mi misma que no necesitaba más que abrazos para sentirme plena.

Olvidé la intimidad y me aferré a lo poco que tenía. Dejé de intentarlo cuando yo misma me expliqué que, me había casado con un hombre mayor al que los abrazos lo llenaban.

Soy sincera, a veces tengo miedo.

Pero cuando pienso en “La Templanza”, me convenzo que tenía que perder esos abrazos para ganarme las noches de insomnio que solo la pasión de un hombre puede darnos.

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Muchas bendiciones y gracias por leerlo.

Lugar: Costa Maya, México.

Más historias en mi Blog http://www.mujersinequipaje.com ❤️😊❤️

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