“No se vale huir”.


Amé, amo y amaré “La magia de la vida” de Viviana Rivero.


Podría leerla una y otra vez.


Quizás porque trata, como ella misma lo dice, de nuevas oportunidades.


Tan nuevas, como la que sin planear hace poco estoy más que viviendo, apenas sintiendo.


No puedo negar que soy romántica.


Tan romántica que cuando pienso que el amor me persigue, tengo piernas cortas con tal de que me alcance.


Cuando vuelvo a casa, participó en algo así como “el grupo en el que cada tarde el tema es el mismo”.


Agustina y yo nos reunimos y hablamos hasta altas horas de la noche, de lo que a ambas más nos apasiona.


-El amor.


Ella a sus 17 sueña con encontrar al ideal y bien esquematizado personaje que calce sus altas expectativas.


Yo a mis 49 simplemente suspiro con que llegue el que me “sorprenda”.


Sé cansa de preguntarme como quiero que sea mi gran amor, y yo me agoto respondiendo que simplemente quiero que sea él.


Que me basta con que sea “él mismo”.

Le digo que no lo imagino ni lo idealizo.


Porqué simplemente busco y quiero que sea como es.


Le explico que ya no necesito que me impresione, porque a esas falsas impresiones, las siguen “los sustos” y luego las tan famosas “desventuras”.


Quizás sea por “general, simple e inespecífica”, que el amor me puso a la cabeza de su lista.


Tan a la cabeza que terminó llamando a mi puerta.


Al inicio ni le abrí.


-Que de mal gusto eso de tocar sin anunciar.


Y es que llamó sin avisar.


Llegó a deshoras cuando no le esperaba.


Me encontró cabizbaja y sin ánimo de recibirle.


Intenté no abrirle, le dije que no podía llegar así de “sopetón”.


Le expliqué que debía anunciarse con suficiente tiempo, para encontrarme “ya arreglada”.


Educadamente me escuchó.


Sonrió y me dijo que, cuando toca la puerta viene de muy lejos, y por mera decencia, debemos abrir.


Con dulzura me explicó que no tenemos que “arreglarnos”.


Tan simple porque somos mujeres, y las mujeres no se descomponen.


Lo que se descomponen son las cosas.


Y que a él, que estemos viudas, separadas, solteras o divorciadas, le da muy lo mismo.


Lo escuche y entendí que aunque tardó, llegó.


Y con ese “llegó”, en nosotras se avivan las mil sensaciones y emociones que ya durmieron lo que tenían que dormir.


Salimos de un sueño tan pesado, que necesariamente despertamos apasionadas por sentir , y aún más por vivir.


❤️🙂❤️


Si te encantó este post y crees que le puede ayudar a alguna mujer, te doy las gracias por compartirlo.


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🙂❤️🙂


Estoy trabajando en un Programa muy bonito que Dios primero lanzare la próxima semana, en el que te ayudaré a dejar de cargar tú “equipaje emocional”, soltar tú pasado y recuperar tú autoestima.


Muchas gracias y bendiciones.

Con enorme cariño,

Tatiana

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