“No estoy interesada en superarlo”.



Me costó aprender a leer.


Recuerdo que hasta tuve Maestra particular, para medio intentar nivelar.


A medida que avanzo en experiencias, cambia mi desempeño.


De la etapa de mis 20 aprendí poco.


Cada experiencia la pasaba tan rápido, que ni la vivía, por ende mucho menos entendía.


En mi afán por “no sufrir”, me convertí en una especie de maratonista andando a unas velocidades tan aprisa, que vivía caída.


De esa etapa recuerdo muchos “aceleres”, pocas reflexiones y la constante de estar “siempre acompañada”.


Hoy a ese “siempre acompañada” me atrevería a agregarle un generalmente “mal acompañada”.


Arribando a los 30 mis memorias no son mías.


Son de todos, menos mías.


Recuerdo hijos, casa, esposo, y no cientos, sino miles de responsabilidades todas bien cumplidas.


Me mantuvo viva la extraña consigna de “estar para todos”, menos para mí.


Arribando a los 40, ya les dije que entre tímida, muy tímida y si soy sincera insegura.


Insegura de haberme obligado siempre, a “superar” todo tan pronto, que dudaba si tenía los conocimientos básicos para seguir a mi lado, cuidarme y hacerme un buen día muy muy feliz.


Los 40 me hicieron bajar el paso, no podía ni pretendía correr lo que corrí a los 20, pasando de una relación a otra sin antes obligarme a tener una transición, un aprendizaje.


Al ir más lento, caminé mejor y necesariamente dejé de “caerme”.


Todo lo que una vez fue esencial y vital a los 30, llegados los 40 desapareció.


Los niños crecieron, la casa y el esposo ya no estuvieron, y la única que quedó fui yo.


Yo y “el tiempo”, ese extraño que siempre estuvo y nunca usé para mí, me seguía acompañando.


Se mantuvo a mi lado para enseñarme que no se necesita una relación nueva que nos ayude a “superarlo todo”.


Que por primera vez en la vida, si estamos en una relación es porque “queremos”, y no porque “tenemos”.


Y que en esta increíble etapa, no necesitamos superar lo que muchos creen, sino más bien “darnos” a nosotras mismas.


Entendiendo que así como escogemos el buen libro que leemos, de nosotras depende, también en gran parte decidir todo aquello que sentimos.


Y que si muchas, al inicio de nuestra vida, tomamos “clases extra” a estas alturas ya aprendimos.


Aprendimos a vivir.


🙂❤️🙂


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Muchas gracias y bendiciones.


Con cariño,


Tatiana


❤️🙂❤️

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