“Las decisiones se toman con miedo”.


Sigo pensando en “Vida no hay sino una”, la famosa película que Agustina me hizo ver.


No es que en este momento tenga tiempo libre , es justo lo contrario.


Hace unos meses puse mi Tienda en venta.


Con enorme dificultad y tras muchísima introspección, llegué a la conclusión que debía venderla.


Ir a trabajar cada día, a escasos pasos del hecho que ocasionó la muerte de mi madre, se me había convertido en un suplicio.


Tomada la decisión, la lógica, “mi lógica”, indicaba que debía encontrar un comprador que estuviera dispuesto a pagar un buen precio.


Un buen precio que me permitiera guardar dinero y tener un respiro económico por algún tiempo.


Comprador que al parecer es tímido, porque aún no me ha llamado.


Descartada mi primera premisa, pasé a “Plan B”.


Conseguir un comprador que estuviera dispuesto a pagar un precio irrisorio por toda mi Tienda, entiéndase marca, formulas y mil cosas más.


Este segundo comprador, a la fija era igual al primero, porque tampoco llegó.


Viendo mi famosa película indostana comprendí que “el miedo”, ese miedo con el que tanto nos enojamos, y del que siempre pretendemos alejarnos, es el encargado de que disfrutemos los momentos más trascendentales de nuestros tan temidos “finales”.


En mi profundo film, a fulano lo petrificaba el agua.


Termina buceando, y gracias a su miedo, es él quien más se maravilla de la experiencia.


Y mengano que no podía con las alturas, es quien acaba saltando en paracaídas.


Así que, como “vida no hay sino una”, aquí estoy yo, con todas mis cajas ya empacadas.


Dejando de buscar a mi famoso comprador.


Con mis “mil miedos” por haber empaquetado cuatro años de mi vida.


Cuatro años en que mi Tienda fue tan pero tan generosa que me regaló varios viajes, entre ellos dos a Europa, cruceros y hasta mi hermoso mini auto.


Cuatro años metidos en cajas de las que hoy simplemente me despido.


Porqué hoy suena mi timbre, un timbre que me retumba en los oídos, en el que “la vida” me indica que tengo que seguir.


Y es que no importa en donde o como estemos, el sonido de ese temido timbre nos va a alcanzar.


Todas vamos a escucharlo, y lo único que resta es “alzar” al “miedo” y correr.


Corran cómo yo corro, que nunca paro y me llevó “al miedo en brazos”.


🙂♥️🙂


Si te encantó este post y crees que le puede ayudar a alguna mujer, te doy las gracias por compartirlo.


♥️🙂♥️


Recuerda que:

"Cuando sentimos que solas no podemos, pedir ayuda alivia el alma".


Hoy puedes dar el primer paso para soltar ese pesado "equipaje emocional"y empezar a recuperar tú autoestima.


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Muchas gracias por leer este Post y que Dios te bendiga.


Con enorme cariño,

Tatiana

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