"Gente filosófica".


Si me preguntan por una película emotiva, larga y filosófica, diría: “Lo que queda del día”.


Una película en la que al final, lo que quedan son recuerdos.


Recuerdos imborrables para sus protagonistas.


Y no porque hayan sido “los protagonistas”, sino por los años que ya pasaron.


Mi hijo cumplió hace poco 20.


Para él es mucho, yo le sigo la idea aunque sé que es poco.


Soy práctica y precavida.


Y por práctica y precavida, quizás los regalos que le he dado han sido extraños e inentendibles.


De las encerronas económicas que me dio la vida, agradezco que aprendí a ser creativa.


Tan creativa que a cuanto regalo barato, mal trecho y hasta prefabricado que le di, le encontré el más maravilloso de los significados.


Mis sentimientos y mi mente, se compaginaron tanto, trabajando a la par, que el año en que le di un desodorante “Old Spice” creí que era especial.


Para él seguro fue un simple desodorante, no lo culpo, tenía 10.


Para mí el mismo regalo representaba su camino, y pronto su “entrada” al mundo de los adolescentes.


La cara de ambos, durante el intercambio fue memorable.


Confusión por su parte. Orgullo por la mía.


El desodorante no representaba mi carencia económica.


El desodorante representaba que él crecía, y yo estaba con él, y eso me bastaba.


Los años pasaron.


Él creció y mi situación económica no cambió.


Llegó a la edad en la que los más afortunados “económicamente”, a sus hijos regalan carros.


Opté por darle algo útil muy útil para un carro.


Le regalé el llavero del que fuera a ser su primer auto.


Me miró raro.


Para él seguro fue otra de mis locuras.


Para mí, el minúsculo llavero representaba la fe, la paciencia y la prueba, de que con empeño se puede todo.


El tiempo siguió, y aún que mi situación económica gracias a Dios mejoró, me quedé con la manía de darle en su cumpleaños “cosas especiales”.


El regalo de los 20 me lo pensé, por eso le di una carta.


Una carta en la que había mucho “bla bla bla”, pero tenía un punto que hacía de éste, el mejor regalo.


Decía algo así como:


-"Que a medida que pasen los años, conserves “el orgullo” de ser quien eres.

Un orgullo que se tiene en la juventud, y los años van quitando hasta convertir en decepción".


Él es joven, quizás no entienda el regalo.


La gente joven no es filosófica, y está bien.


Nosotras sabemos que solo te conviertes en “gente filosófica” por las caídas que has tenido, por las muchas sacudidas.


Y que son esas sacudidas las que hacen que recuperemos “el orgullo” y sonrientes continuemos “Lo que queda del día”.


🙂❤️🙂


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Muchas gracias y bendiciones.


Con cariño,

Tatiana


❤️🙂❤️

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