“Esa fortuna tan cercana, que mil veces sentí lejana”.


Robándole minutos a mi nuevo trabajo, miro, sonrió y escribo.


“El tiempo”, que es mi mejor amante, se dio cuenta que aunque tenga agenda llena, hay espacio para más.


Lo escuché, entendí y acepté.


Acepté un trabajo de pocas horas, en el que inspeccionó y entrego apartamentos de alta gama.


“La puntualidad” es mi amiga, así que juntas llegamos antes de la hora acordada.


Entramos a uno de esos sitios que cortan la respiración.


Esos hermosos lugares, en donde por tanto tiempo me pregunté , -qué se sentirá vivir así?


La maravilla que veré hoy, queda dentro de un hotel.


En el lobby me reciben “las sonrisas”.


Sonrisas de quienes trabajan y viven allí.


Sonrisas a las que seguramente antes, yo no hubiera correspondido.


Tan simple porque me dedicaba a ver esas cosas lindas a través de “escaparates”, convencida que si no las había tenido, jamás las tendría.


Más fue lo que me dediqué a “distanciarme” de “la fortuna”, que a acercarme.


Toda ella me parecía falsa.


Tan falsa que sin darme cuenta, creé un detestable y horrible resentimiento hacia quienes la tenían.


Por años estuve convencida que, esos, “los afortunados”, habían quedado de un lado y yo, por “mi mala suerte”, del otro.


“El tiempo” me hizo entender que aquí, no es suerte.


Que aquí se trata de no “pelearnos” con la vida.


Y que esa buena e increíble “fortuna” no se mira en escaparates, porque está libre.


Libre y disponible para que nos acerquemos y nos permitamos el privilegio de sentirla.


Escribo este Post y sonrió.


Sonrió recordando la diminuta casa en la que hace tantos años viví.


Esa que en mi libro de “Mujer sin equipaje”, llamo “pañuelo”.


Finalmente entro al hermoso apartamento que inspeccionaré.


El tiempo ha pasado aprisa desde que salí de aquella casa.


Hoy abro mis ojos y reconozco a “la fortuna”.


Tomada de mi mano, susurra mientras compara el apartamento que inspeccionó con el que vivimos ahora.


Sonríe y dice que, el nuestro es mejor.


No le digo nada, sé que tiene razón.


Por fin entiendo que en “la vida” basta con iniciar sintiendo alegría por los demás.


Una genuina alegría que se encargará de presentarnos y traer a nuestros días “la fortuna”.


❤️❤️❤️


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Gracias por compartir mis escritos y permitir que más Mujeres los lean.


Mil bendiciones y un abrazo,

Tatiana

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