"Entre largos inviernos y cortas primaveras".



De religión no me pregunten.


Estoy convencida que la vida tiene las “cuatro estaciones”, con la diferencia que algunas duran más y son más fuertes.


Si hablamos de “inviernos”, les diré que son mis favoritos.


Son tan largos como interminables.


Nos hacen crecer.


Crecemos porque cuando llegan hacen todo para quedarse.

En ocasiones he sentido que cada parte de mi cuerpo se congela, y no hago nada.


No hago nada hasta que siento que el frío está a punto de “anidar” en mi corazón.


Y es entonces cuando rauda y veloz me apresuro a encender esa “chimenea” que siempre ha sido, es y será mi salvación.


La fe”.


Pero no cualquier fe.

Esta es una fe que por muy congelada que esté, me hace salir de la “madriguera” y caminar hasta ese sitio llamado Iglesia.


Una Iglesia en la que me atrevo a “pedir”.


Y es en ese pedir, cuando necesariamente se da “el recibir”.


Un recibir que una y otra vez, aún en las más felices “primaveras”, me hace recordar que cada día necesitamos regresar para "agradecer."



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Gracias por leerme y que Dios te bendiga.

Con amor, Tatiana

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