"De la boca al cielo".


Que estoy enamorada no es ninguna novedad. Pero como esto es un Blog y no un periódico, se vale volver a contar la historia.


Dicen que lo que se quiere, se pide. También dicen que lo que sale de la boca, va al cielo.


Claro oscuro, blanco o negro, bueno o malo. La vida se explica en bandos. Y al final esto se trata sólo de creer o no creer.


En mi caso no necesito escoger. Simplemente creo y ya, creo y punto. Así de fácil.


Por eso en esta historia, y de aquí en adelante entrarán dos personajes. ¿Cuánto tiempo?


Pues que pregunta, ya les dije que escojo creer, así que estarán juntos para siempre.


Estos simpáticos personajes, primero tomaron forma en mi imaginación.


Mil noches me los soñé y hasta los añoré.


Empecé durmiendo sola y muy abierta. Riendo y festejando, hasta que el tiempo pasó y algo cambió.


Mi cama se me fue haciendo grande. Tan grande que me consumió. Hubo noches en las que yo misma en sueños me perdí.


Y sin apenas darme cuenta, esos dos me aparecieron.


Aquellos en quienes tanto pensaba, y a quienes mucho extrañaba, tomaron forma.


Los imaginé tanto, que se me volvieron conocidos.


Con enorme deseo logré al fin materializarlos.


Ahora, sé que yo soy uno de ellos.


En esta historia, a mí me correspondió ser “la señorita Freeman”.


Él es “el señor Agudelo”.


Quise intercambiar apellidos.


Lo hicimos porque nos divierte.


Ninguno de los dos se cree lo que nos gustamos.


Así que, en este juego, lo primero es entendernos.


Y entendernos consiste apenas en querernos y creer.


Creer hoy un poco, y mañana un tanto más.


Él es tan simple y básico como lo soy yo.


Eso lo vuelve complejo y demasiado profundo para mentes temerosas.


Por eso le he creado un personaje. Un simple personaje a quien hoy sonriente y optimista, entregó su papel.


Un personaje del que, como no se espera nada, ha de darlo todo.


“El señor Agudelo” primero se movió en mi mente.


Rápidamente pasó a mi corazón, y al encontrarlo un tanto “usado”, prefirió instalarse en mi alma. Es un hombre que cuando sonríe, ocupa demasiado espacio. Lo sé porque cuando ríe, a mí me falta el aire.


Y así “creyendo”, inicia esta historia.


Dedicada con mi más profundo amor a todas las Mujeres que me leen.


A quienes ruego, nunca dejen de creer en el amor.


Se los digo yo, que lo conozco. Lo conozco porque lo veo reflejado en sus ojos cuando me mira.


Me mira, como las mirará a ustedes el hombre amado.


Y será esa noche, cuando entre suspiros, darán gracias por creer. 


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Leer la primera parte en: Permiso concedido

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Si quieres ser una Mujer sin equipaje, con mucha autoestima y la seguridad suficiente para tomar tal o cual decisión, entonces tienes que leer los libros que escribí para ti, tomar mis cursos porque en ellos te enseño todo lo que necesitas para lograrlo.


Aprenderás que sin importar como te sientas o por lo que sea que estés pasando, lo puedes conseguir.


Con enorme cariño, Tatiana

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