“Cuando aún nos cabe más agua”.


En las mañanas salgo a caminar y pienso desde absurdos muy tontos, hasta reflexiones de lo más profundas.


Por extraño que parezca, está mañana tomaba conciencia de lo que es “naufragar”.


Naufragar en “sentido estricto”, eso de que se hunde el barco, no me ha pasado.


He estado en enormes cruceros navegando día y noche atravesando Países.


Me he asomado tanto en “proa” como en “popa” sin ver nada más que cielo y mar, y miedo no he sentido.


Pero naufragar en mi vida personal, eso sí que me ha pasado.


He tragado agua como quien más.


Hoy te cuento un poco:


Y es que esa valentía mía en alta mar, no siempre aplicó en la cotidianidad.


La misma mujer valiente que en el mar, va a “a la deriva”.


Y en las noches se pone un vestido muy tallado, tacones, y sonriente pasea entre shows, restaurantes y discotecas.


También ha sido la misma que se me ha “ahogado” a media noche confundida entre la cama.


Con una sensación de ir perdida y a la deriva, sin tener la más remota idea de donde está aquella valiente que “se supone” tiene adentro.


La aventurera que arriba en costas en las que ni el idioma habla, ha sido la misma que no logra explicarse, ni a si misma, como va a seguir.



La “Tatiana” temerosa que por años cargué, llegó a pesar toneladas de “incertidumbre”, convirtiéndose en una mujer “inamovible”.


Tirada en cama, envuelta en bata y muy confusa.


Tan confusa que no pedía ayuda, dedicándose a entorpecer aún más el proceso de “rescate”.


Esa mujercita de metro y medio de estatura puso todo de su parte para hacérmela, sino imposible, muy difícil.


Atormentada, confusa y hasta “egocéntrica”, porque según ella, lo que le pasaba, le pasaba solo a ella.


Era tan necia que perdía el tiempo creyendo que “nadie” la iba a entender.


No piensen que soy mala, pero confieso que si miro en retrospectiva, me alegra que haya tragado tanta agua.


Lo digo porque la muy necia no aprendía y no entendía.


Se negaba a “aceptar” que Dios pone en nuestro camino “salvavidas”.


Era tan orgullosa que aún tragando agua, y sin saber cómo salir de “tal naufragio”, se daba el lujo de seguir hundiéndose cada día más.


Mi naufragio me llevó a entender cosas muy profundas que hoy recuerdo mientras avanzó.


Aprendí que cuando realmente queremos hacer algo, lo hacemos y punto.


Y que el continuar sin tomar decisiones, lamentablemente indica que aún nos cabe más agua.


♥️♥️♥️


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Bendiciones y gracias por leerme.


Con enorme cariño,

Tatiana


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