¿Cuándo cambiamos de día?


La vida de pueblo en la mañana inicia así, y en la noche termina igual.


Mañana repite, y pasado mañana ni pregunten porque va igual. 


Ante la misma pregunta, dicha una y mil veces, opté por hacer una conferencia de prensa. 


Las primeras convocadas fueron mis amigas, de ahí pasé a mis hijos. 


Obviamente, y en primera fila, senté a “los personajes que viven en mi imaginación”, y hasta a mi misma para escucharme. 


Lo hice porque lo común, entre charla y charla, es que me saquen siempre la misma pregunta de cajón. 


-¿Te gustaría conocer a alguien? 


Lo que al inicio respondía con un tímido “quizás”, me llevó a darme cuenta que me siento atrapada. 


Quizás quedé atrapada en el día de la marmota, esa película en donde el protagonista repite y repite el mismo día. 


En el film le toca repetir y repetir, por el simple hecho que debe aprender algo. 


El aprender, lo equiparo siempre a “decidir”. 


Y es que a mi juicio, la única forma posible de aprender, inicia siendo capaces de tomar una decisión. 


Decidir “qué si y qué no”, “qué va”, y con qué nos quedamos, es vital. 


Cambiar de día para mi se traduce en reconocer lo que quiero. 


Y lo que quiero en este momento de mi vida, tras mucho pensarlo, es volver a transitar por una ciudad. 


Anhelo andar dudosa por una urbe. 


- ¿Cuál? Aún no lo sé. 


Encontrarme dudosa entre tanta opción, si anotarme a tal o cual clase, de las múltiples que brinda una ciudad.  


Pero sobre todo me hace ilusión que entre tanto  concierto, teatro, arte, bicicleta y literatura, tendré “tiempo”. 


Tanto tiempo como el que tendrá, la que decida coger sus cosas e irse para el campo a ver ovejas, correr colinas y respirar las flores. 


Y es que el decidir, obligatoriamente nos concede “tiempo”.


Tiempo para sorprendernos con comienzos y finales, cambiando simplemente de página. 


El ser capaces de decidir, necesariamente nos acerca a conocer a ese “alguien”. 


Pero no cualquier alguien. 


No un alguien para repetir y repetir el día que sabemos como inicia y hasta en que termina. 


Eso ya lo pasamos.


Nuestro alguien ha de ser un hombre que también haya vivido días repetidos. 


Tan repetidos que simplemente los aprendió a cambiar. 


Cuestionarnos que tan a gusto estamos, “tal y como estamos”, necesariamente nos encamina a sonreír. 


🙂❤️🙂


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Bendiciones y gracias por leerme.


Con enorme cariño,

Tatiana

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