"Creer en nosotras mismas".



El jueves 2 de abril empecé diciendo que aceptarte a ti misma no siempre es fácil.


Te dije que a las Mujeres de nuestra generación se nos entregó algo así como un cuchillo de “doble filo” que corta lo que quieras, pero sin mango para agarrar, y lo cojas por donde lo cojas, si no tienes cuidado puedes salir lastimada.


El tema de aceptarte a ti misma lo dividí en dos.


Una primera parte en la que quiero que analices “el aceptarte a ti misma” teniendo como base lo que aprendiste.


Si lo piensas cuidadosamente te darás cuenta que la mayoría de veces te enseñaron que la verdadera belleza está afuera.


Usé el ejemplo de cuándo éramos niñas y elegían la reina del salón, que sí la más simpática, la mejor compañerita y mil cosas más.


Nunca fui de las populares de la clase pero en una ocasión me postulé y obviamente voté por mí. Me miraron horrorizados secreteando cuán egoísta era. Hasta la Profesora intentó disuadirme explicando frente a toda la clase que no era de “una buena compañera” votar por sí misma.

¿Porque alguien se postularía si no va a votar por sí misma?


Si ya era tonto votar por otra, peor me parecía no encajar dentro del grupo y dejar de ser aceptada, así que terminé votando por otra.


En la vida desde pequeñas nos preparan para ser “buenas compañeras”, expertas en:


1. Ver virtudes, aptitudes y cualidades en los demás.


2. Descubrir o fomentar en otros antes que en nosotras.


Generalmente venimos de hogares en los que con “el ejemplo” se nos enseñó que nuestro deber es apoyar.


Quizás nuestras madres fueron Mujeres de las que ni sus familias, ni la sociedad esperaban grandes cosas. Contaron con pocas oportunidades, teniendo vidas y logros extremadamente

comedidos y en muchos casos hasta evitando destacarse, lo cual de manera consciente o

inconsciente nos preparó para seguir su ejemplo; a pesar de que sus palabras trataran de

convencernos de que podíamos, pesaba más lo que veíamos.


Recuerda que bien dice, - “la palabra mueve, pero el ejemplo arrastra”. Aprendimos por lo tanto a ser algo así como “el copiloto perfecto”.


Y si me sincero contigo, te diré que por años “amé ir de copiloto”. Encontraba o me enseñaron a encontrarle un sinfín de ventajas, y es que al final, pasara lo que pasara con el auto, yo no era quién

manejaba ni el auto ni mi vida.


Me dediqué a ir cómodamente sentada viendo hacia afuera, porque era más sencillo observar a lo lejos que tener que mirar hacia dentro y hacer una introspección en la

que llegaría a conocerme.


Fuimos criadas como si nos asignaran el papel secundario de nuestra propia vida, dificultando enormemente el proceso de llegar realmente a “aceptarnos”.


Aceptar lo desconocido resulta difícil y para ser honesta, tampoco le encontraba mucho sentido, así que encargarme de apoyar y aceptar a los demás siendo buena compañera con mi pareja o hijos, me salía como a la mayoría de nosotras, “de manera natural”.


Quizás a ti también se te convirtió en una tarea fácil, porque a los demás los conocemos y aceptamos mas que a nosotras mismas.


En general a las mujeres no nos cuesta ver hacia afuera,

piénsalo mientras hacemos un ejercicio. Si en este momento te pidiera describir a tu mejor amiga, o a tu pareja, lo más posible es que se te acabaría el papel, pero si por el contrario te pidiera que escribieras quien eres, la hoja tal vez estaría un buen rato en blanco.


En mi caso me fui dando

cuenta que ayudar a otros a cumplir sueños y metas era más sencillo que buscar los míos.


Y es que el que te aceptes en su totalidad no siempre resulta fácil. Aceptarte a ti misma no es sencillo porque fue algo que no te enseñaron, pero ese ya no es el tema y poco importa.


La realidad es que aunque te cueste reconocerlo, creciste, eres una mujer adulta y lo creas o no, dueña de tu vida.


La segunda parte que quiero abordar es -¿ Cómo puedes ir tomando conciencia hasta

aceptarte a ti misma?


Quiero que te preguntes -¿Cómo puedes aceptarte si no te conoces por completo? O tal vez lo que conoces simplemente no termina de gustarte.


Y aquí estoy haciendo alusión únicamente al aspecto de tu personalidad, aún no he llegado a lo físico, y lo sexual lo trataré al final.


En el aspecto personal quizás has evitado conocerte porque tal vez has estado ocupada

cumpliendo o viviendo los sueños de otros.


No te conoces porque “el ver hacia adentro” es un acto

de valentía en el que no sabes con qué te vas a encontrar, y eso mi querida da “miedo”.


Pero lo que más temor da es la incertidumbre a la que te puede llevar el no saber qué tantas cosas vas a encontrar que no te gusten en ti, y si luego de tanta introspección realmente querrás adecuar o mejorar aquello que no te gusta.


En el aspecto personal te diré que no me agradaba la “Tatiana” en la que me había convertido, y es que hasta hace apenas cuatro años me caracterizaba principalmente por ser:


1. Una mujer resignada. Aceptando a cabalidad lo poco que tenía, dedicándome a ver todo aquello que quería a través de una especie de vidriera inquebrantable.


2. Una mujer incapaz de contar, mencionar o siquiera dar a entender públicamente aquello que le pasaba; y por públicamente me refiero a que ni mis más cercanas amigas sabían lo que me sucedía...


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