Como quieres pasar a la historia? 

Actualizado: abr 7

-“El odio” hace estragos, decía “la cabeza”, -No te está atacando solo a ti. A él lo ha invadido, las bajas son incalculables.

-Es el enemigo más fuerte con el que nos hemos enfrentado. Va acabar con todo y con todos, incluyendo tus hijos. Él y tú, están en medio de una guerra, de una guerra sin cuartel en la que ambos van a perder. -Tú no entiendes, le decía yo a “la cabeza”, es injusto que sea yo quien debe hacerse cargo de todo.

-Piensa Tatiana, me decía “la cabeza”, piensa. - Ya estás en guerra, como quieres pasar a la historia?

-Cómo Winston Churchill, le grité, quiero pasar como Winston Churchill. Me miró con orgullo y me dijo, -Prepara tu sangre, sudor y lágrimas, porque vamos a hacer la alianza.

En ese momento sentía que “la cabeza” iba a hacer un mal trato. Tenía dudas. Estaba molesta con todos y con todo. Me parecía injusto hacer un trato. Un trato era ceder mis intereses. Olvidarme de las cosas malas que él me había hecho y dicho, y de lo malo que yo le había hecho y dicho.

Esa noche los personajes que viven en mi imaginación prepararon la cena, y me sirvieron “el orgullo”, para que me lo tragara. Me supo horrible, pero me lo trague y le envié un mensaje a mi ex esposo.

-Perdóname por las cosas malas que he hecho o dicho. Te prometo que no voy a pelear. Que tontería me habían obligado a hacer. Me sentía traicionada por todos los personajes que viven en mi imaginación. Ahora yo debía hacerle frente a todo, poner buena cara, no quejarme, no pelear y resolver. Todo con tal de ganarle la guerra a “el odio”.

La comunicación fue lenta. Poco a poco se hicieron los acercamientos, hasta que finalmente llegó el día en que los aliados ganamos la guerra. Era el día en que mi hijo mayor partía para Inglaterra. Íbamos mi hija, mi ex esposo y yo, llevándolo al aeropuerto. Estábamos felices, hacíamos bromas y recordábamos viejos tiempos.

Rezamos en voz alta, cada uno dijo una parte, mi hijo le dio las gracias a Dios, porque le permitía compartir un día tan especial con toda su familia.

Entendí que ese hombre, con quien tanto me costó hacer la alianza, me había entregado lo mejor de él. Él me dio mis hijos.

Los personajes que viven en mi imaginación se pusieron de pie. Eufóricos vitoreaban mi nombre. Apreté mi sombrero, igual que Winston Churchill y empecé a llorar, habíamos ganado la guerra.

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