A las desobedientes les va bien


Si me pidieran un simple consejo, les diría lo que a diario me repito:


“Piensa bien y acertaras”.

Además de escribir libros y dictar cursos, me dedico a ser muy muy desobediente.


Vivo y adoro hacer, absolutamente todo lo que dicen que no se hace.


No sé a ustedes, pero a mí, me dicen que a nadie se le cuenta lo que quieres, porque entonces jamás se cumple. Hago lo contrario. Por eso mis cosas, no solo las cuento, si no que las publico.


La otra que muy seguido me repiten es, “piensa mal y acertaras”.


¿Estaría yo loca para querer acertar en lo malo?


Pues no.


Así que me dedico a pensar bien, y así acierto solo en lo bueno.


Y la mejor de todas. Me dicen que, si hacemos el bien, no lo digamos.


Con esa estoy de acuerdo.


Y es que cuando hacemos el bien no lo decimos, “lo gritamos”.


Lo gritamos para que se sepa.


Para que la humanidad vea que se puede.


Para que se esparza hasta que se contagie.


¿Qué sentido tendría repetir y escuchar solo lo malo, cuando hay tanto bueno por decir?


Y del amor ni hablemos.


Me repitieron hasta el cansancio: -No cuentes si estás enamorada.


¡No sabes si va a funcionar!


Eso de pensar que no va a funcionar, sería como sentarme a esperar a “la tragedia”.


Y entre esperar a la tragedia, pues prefiero esperar a “la comedia”. Me maravillo de lo que siento y me rio de lo que vivo.


Poco me importa si mañana “él” ya no es.


Al fin y al cabo, hoy es hoy, y hoy si es “él”.


Entendí que esos que tanto aconsejan, poco han vivido.


Aprendí que la única forma de que las cosas buenas no paren de llegar, es diciéndolas.


Tenemos la enorme capacidad de vaciar cada día nuestra alma contando todo lo bueno que esperamos, soñamos y tenemos.


Me tomó tiempo, pero entendí que en el alma se hace espacio.


Y que el espacio lo hacemos nosotras creyendo.


Simplemente creyendo y diciendo.


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Si quieres recuperar tú autoestima y atreverte a tomar las decisiones que tanto quieres, empieza leyendo los libros que escribí para ti, porque en ambos te enseño como hacerlo:



Un abrazo enorme y que Dios te bendiga tan enormemente como hoy lo hace conmigo, al permitirme ser leída.


Con enorme cariño,

Tatiana

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